Un cohete Falcon 9 de SpaceX acaba de lanzar con éxito el telescopio espacial Euclid de la Agencia Espacial Europea (ESA). El lanzamiento estaba previsto originalmente en un Soyuz ST, la versión del cohete ruso que se lanza desde Kourou. Pero la rotura de relaciones causada por la invasión rusa de Ucrania lo hizo imposible. Y como el Ariane 6 aún no está listo y no quedaban más Ariane 5 la ESA terminó por contratar el lanzamiento con la empresa de Elon Musk.

Euclid, valorado en unos 1.500 millones de dólares, es la carga útil más cara que ha puesto en órbita SpaceX, al menos que se sepa: hay cargas clasificadas de las que no es público el precio. A la Agencia Espacial Europea el lanzamiento le ha costado 70 millones de dólares, cinco más del precio de lista porque pidió a SpaceX que cumpliera unas normas de limpieza inusualmente estrictas, incluyendo el uso de una cofia protectora limpia y completamente nueva. Lo que sí era «de segunda mano» era la primera etapa del Falcon 9, que en este lanzamiento hacía su segundo vuelo al espacio.

La primera etapa aterrizó sin problemas en el espaciopuerto flotante A Shortfall of Gravitas para volver a ser utilizada en futuros lanzamientos. Doug, una de las embarcaciones auxiliares de SpaceX, se encargará de pescar las dos mitades de la cofia de la superficie del Atlántico para que también vuelvan a ser utilizadas.

Un mes de camino por delante

Por su parte Euclid se separó de la segunda etapa 41 minutos después del lanzamiento para iniciar su camino hacia el punto de Lagrange L2 del sistema Sol-Tierra, situado a aproximadamente 1,5 millones de kilómetros en dirección al exterior del Sistema Solar. En ese punto la gravedad del Sol y de la Tierra se compensan de tal modo que Euclid necesitará muy poco combustible para mantener su posición.

Impresión muy artística de Euclid en órbita alrededor del punto de Lagrange L2 – ESA

Su misión, con una duración inicial prevista de seis años, es observar meticulosamente hasta 1.500 millones de galaxias situadas a una distancia de hasta 10.000 millones de años luz de nosotros para intentar encontrar señales de los efectos de la materia y la energía oscuras. Por definición no podemos ver ni medir directamente ninguna de las dos, a pesar de que entre ambas forman el 95 % del universo, pero sí sus efectos. Y precisamente eso harán los dos instrumentos de Euclid.

La cámara de longitud de onda visible (VIS) medirá la forma de las galaxias que observe Euclid. Por su parte el espectrómetro y fotómetro de infrarrojo cercano (NISP) medirá su brillo y la intensidad de su luz. Además, al medir su corrimiento al rojo determinará la distancia a la que están. La NASA contribuye a la misión con los detectores del infrarrojo cercano de NISP. Un telescopio de 1,2 metros de diámetro se encarga de recolectar la luz de esas galaxias para pasársela a los instrumentos.

Euclid necesitará cuatro semanas para llegar a su destino, aunque de camino se irá enfriando –al estilo del Webb tiene un lado caliente y un lado frío– de tal forma que al llegar a L2 ya llevará un par de semanas a su temperatura de trabajo. VIS funciona a -120 °C y NISP a -180 °C.

Una vez allí habrá un par de meses de pruebas de los sistemas e instrumentos de a bordo antes de que Euclid esté listo para empezar a trabajar. Se espera que las primeras imágenes lleguen este otoño.

Habrá nueve centros de datos repartidos por los países del Consorcio Euclid que se encargarán de procesar los más de 10 petabytes de imágenes que producirá el telescopio durante su misión para ponerlos a disposición de la comunidad científica.

La misión está en Twitter como @ESA_Euclid.

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